Real Visceralista
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No he cambiado. Padre, perdoname.

Entonces ella me jugo una mala pasada y me corrió por mi lado más sensible. Tengo una enfermedad y esta alojada en mi mente. Y de ahí, quizás se genere un largo derroteo hacia otros lugares del cuerpo. De la nada lo único que construyo es un mural altísimo de grandes registros médicos. Y entonces imagino que mis momentos más heroicos serán los que signen la enfermedad que aun carece de nombre. Es muy tarde en la noche y estoy recordando a mi padre y quizás sus últimos momentos de gloria. Tengo una punzada en la espalda y cada tanto freno esta tarea de escribir para tocar algunas partes de mi cuerpo en donde se encuentras mis ganglios. Y noto un tanto desvastada que aparentemente mantienen su normalidad. Pero esto sucedió porque hoy ella ataco mi flanco más débil y hoy tengo vergüenza de decir que sigo siendo igual a tantas cosas que ya no odio. Porque para odiar hay que sostener en el tiempo y en las horas y para sostener hay que tener paciencia. No nací con ese don. Entonces soy normal y si tengo rasgos que me diferencien del resto quizás no se expresarlos. Todavía. Pero igual es la 1 de la mañana y doy batallas. Mientras escucho rock de otras generaciones. Y pienso que antes todos se preocupaban por otras cosas. Y que antes cogían sin forro sin pensar en la pronta muerte. Y nosotros no. Nosotros cogemos con látex y eso impide nuestro amor. Pienso en las sórdida propagandas de terror en la calle. Terrorismo emocional en la puerta de tu casa. Pienso en las propagandas sus múltiples enfermedades. Pienso en cual me va a tocar a mi y cual va a llevarme antes. Pienso que algunas enfermedades son heroicas y otras no. Pienso que algunas son súbitas y otras no. Siento un leve dolor en el costado del cuerpo y quizás es solo el reflejo de haber estado más de dos horas con el teclado. Pienso en los años de encierro y pienso en los años del pánico. Pienso en todas esas cosas que son de mi generación pero de las cuales nadie habla. Pienso a quien creerle y a quien no. A quien le creo. A los jóvenes convencidos de la new JP o le creo a los reventados de diván. En que equipo juego yo en el segundo. Y pienso que justo ahi soy igual que todos. Pienso en el tendal de psicoanlistas contestastando las mismas preguntas del pánico y de la ansiedad una y otra vez. Sin parar sin parar. Pienso en que neurótico es todo eso. Pienso que en todo caso no es para tanto que quizás estoy exagerando. Pero la calle que conozco y se caminar me devuelve otra cosa. Con sus largos carteles de accidente cerebro vascular. Con sus grandes carteles de riesgo del hvp. No recuerdo si ya paso el día internacional de la lucha contra el sida que solo te hace creer que tenes sida. Y si tenes sida es porque cogiste sin forro o te inyectaste alguna cosa compartida. Nunca es por otra cosa. Siempre es por el placer y su uso. Y si tenes hpv es porque no supiste querer a tu cuerpo. Pero yo me quiero y lo hago con locura. Eso puedo asegurárselos acá sin rodeos. Y en persona también. Pero a veces es insostenible sostener la cordura en el pánico generalizado. Sobretodo porque creo que están todos dormidos. Y quizás también creo que están todos muy comodos. Y creo que quizás están todos muy viejos. Y me atrevo a decir que están todos muy reaccionarios. Y creo definitivamente que son en su mayoría fascistas. Y quiero decir que hay restos de vocación por el silencio. Y quiero agregar que de las cosas que hay que hablar no se habla. Y no idea del porque. No tengo idea de porque hablan de Obama cuando matan putas en rosario o violan travestis en mar del plata. Y aparecen sus restos en bolsas de residuo. No se porque hablan de la esperanza negra si la esperanza es el ojo rasgado de Bolivia. No entiendo nada. No se porque se habla de la crisis internacional cuando la crisis somos nosotros. No se porque se habla mas de la derecha de afuera que la derecha de adentro. No se en definitiva porque no se habla. Porque no hablar produce enfermedades y casi todas están alojadas en el interior del cerebro. Único recoveco sin cura con pastillas. O casi. Pero estoy ahí fuerte bancando la parada. Sin comas o puntos aparte. Sin nada que ganar y tampoco nada que perder. Mientras veo como mi generación da batallas como si estuviera peleando vietnam. Si se escapan a Uruguay deben pensar que escapan a Canadá. Y yo no entiendo todas estas cosas que pasan. No entiendo el nuevo punk. No entiendo a los cantautores avat garde con guitarra y acciones en zona norte. No entiendo en definitiva nada. Pero al mismo tiempo siento que lo entiendo todo. Entiendo sus ganas de ser ceo. CEO. Y por sobre todas las cosas me siento débil. Bastante inútil. Y por momentos compasiva. Y leo diarios de otras mujeres y no entiendo nada. Nada no entiendo nada. Entiendo otras cosas. Y leo diarios de hombres y me pregunto cuando dejaron de ser hombres. Tan hombres. Eran. No no eran. O quizás si. Y escucho música y pienso que ahí esta el futuro pero después no tanto. Despues ya no. Y busco raras enfermedades en google y pienso en el embarazo. Después pienso en la fuerza de mi generación por aparentar normalidad. Se dieron cuenta que no tenemos loquitos en nuestra generación. Loquitos en serio de los que no se sabe con que van a salir. Son todos normales. Y cuando se quieren hacer los loquitos se les cae la mandíbula. Porque se las rompe el cemento. Cemento que buen lugar. Mas Cemento y menos librerías. Gracias.

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Escrito por H el noviembre 17, 2008
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