Real Visceralista
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Soñé que Ballard venia a buscarme y no logré verlo, no logré verlo.....





El mundo es más temible, la sociedad lo es. Ballard se fue y no somos mejores. Si la política, la vena intelectual o la farsa sensiblemente cierta que es el psicoanálisis; funcionan a través de las advertencias entonces no hemos aprendido nada. Pero absolutamente nada. ¿Por qué se fue Ballard? ¿Por qué no fue compasivo el destino y nos dejo a Ballard una década más? ¿Acaso Ballard se fue a buscar a Updike y a Bolaño para jugar a las cartas y tomar alcohol solo como los hombres lo hacen? ¿Acaso Ballard esta charlando con Cheever y le confiesa que siempre siempre lo leyó y lo admiro? ¿Acaso Ballard esta abrazando a Rimbaud mientras pregunta por Sylvia, mi querida Plath? ¿Dónde esta Ballard y dónde estoy yo ahora? ¿Por qué no estoy con Ballard o mirando los ojos traslucidos de Susan Sontang? ¿Por qué estoy acá en lugar de estar en la cocina haciendo pasteles para Nick Drake mientras miro el horizonte de una ventana infinita en dónde el mundo siempre es compasivo y los animales se desplazan con rigurosa sigilosidad y ningún miedo? ¿Por qué no estoy en un lugar en donde un ser amado me diga pumpkin? No lo sé, por ahora estoy acá y ciertamente algunas cosas hacen que el estar acá, en este sitio que cada vez se parece a una versión deleznable de la virtud de Ballard, es por ahora algo tolerable.

Pero estar acá a mi no me alcanza. Tengo la estupidez de pretender haber nacido para algo más que me esta siendo brutalmente negado. No escribir grandes novelas. Por ejemplo creo que me fue negado un dialogo con Ballard, un dialogo ameno, de admiradora a escritor subyugante, de gratitud, de gracias, de gracias por todo y al mismo tiempo ¿por qué me advertiste de todo esto si yo soy nada para combatirlo? De todas maneras gracias, porque si la justicia poetica existe, que en este momento debería ser la única justicia que reine en el mundo entero, quizás el haberme encontrado con Ballard en las noches de desatino y soledad, en los grandes viajes de colectivo o las largas horas de los fines de semana sin lugar; bueno si todo eso tiene un premio, que comienza desde que se abre el primer libro y se enfrenta la primera página, ese premio quiero que sea, lo reclamo como patrimonio: un saludo con Ballard cuando emprenda mi viaje.

Estos días, que gran paradoja, estuve siguiendo y hasta estúpidamente comentando lo que seria el gran último debate de la literatura argentina que a esta altura debería dejar de llamarse argentina porque federal no es y ciertamente popular tampoco así que ni siquiera es provincial. El ultimo gran debate de la literatura burguesa se rasga las vestiduras porque no puede insertarse en el mercado y no encuentra las formulas ideales para hacerlo. No hay mucho más que decir al respecto, solo que al morir Ballard se reafirma una vez más la figura del escritor. El escritor en su vida privada, como todos nosotros, puede ser miserable. Puede ser temible, puede ser un monstruo. Pero los escritores reales no están ahí para criar escritores exclusivamente. El verdadero escritor esta para criar lectores. No estaría mal a la hora de entablar un debate primero preguntarse que es lo que se crió. Si solo se crió agua estancada y mal formaciones entonces mejor hablemos de otra cosa. Por ejemplo de Ballard.

Ballard crió entre otras cosas terroristas. Punto. La defensa descansa.

En ese sentido, ¿hay otro?, Ballard es entonces también un terrorista en si mismo. Ballard no solo diseña la bomba, para diseñar una bomba hay que estar dispuesto a matar y para estar dispuesto a matar hay que estar dispuesto a todo, también regala los planos para que los adolescentes y adultos locos, no de poder: de amor, de este mundo la arme, la desarmen, la interpreten, la admiren, la observen, la exploten a su gusto. Ballard es maestro, en definitiva de maestros. Ballard es, porque Ballard no fue: Ballard siempre será.


Es extraño pero es. Ayer mientras dormía la siesta mi novio me dijo Helena murió Ballard. A mitad de camino en ese sueño espeso y espantoso que es la siesta, odio la siesta me averguenzo de la siesta, no entendí nada. Pensé que era una pesadilla, una alucinación, un sin sentido, una broma de mal gusto, un gesto desesperado para que me despierte, para que le de atención para que lo escuche. Pero no. Helena murió Ballard y eso es cierto. Creo que murmure algo, no, algo así o no, dejame dormir. Dejame dormir en paz en el mundo en donde Ballard esta vivo, para siempre vivo, y los demás en vida, están por siempre, desde siempre y para siempre: muertos.

La defensa descansa.

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